El gozo de un Miércoles Santo desbordante de sol

Aún con el sabor amargo del Martes Santo en el paladar, el sol despejaba dudas y rompió en mil colores el Miércoles Santo. Desde la plenitud y la alegría de la salida del Soberano Poder, al anochecer y el sabor añejo del Cautivo, así discurrió el cuarto día de la Semana Santa de Alcalá.

En Pablo VI el cortejo celeste del Soberano Poder se situaba en los 400 nazarenos, reflejo del amor y devoción que el barrio profesa al Señor y que se hace río caudaloso cuando la cofradía hace estación de penitencia e inunda Alcalá. Con el recuerdo de las víctimas del atentado de Bruselas y de los refugiados de Siria comenzaba el que será, a priori, el último miércoles con la Virgen de la Caridad en casa. Pronto conoceremos el diseño ejecutado por David Calleja para el paso de palio.

La gran novedad, la banda de cornetas y tambores del Soberano Poder, cumplió con creces junto a una cuadrilla de costaleros que se hace grande en cada zancada que da.

El Cautivo de siempre, la Alcalá de siempre

Ya con la noche sobre la ciudad, la Hermandad de Jesús Cautivo bajaba la empinada rampa de San Sebastián. Era la cofradía de siempre, las mismas caras, los costaleros de toda la vida bajo la Esperanza, el mismo ambiente y la misma ciudad. Será una mera sensación de quien escribe, pero la estampa recordaba al pasado, sobre todo por la enorme cantidad de público que esperaba en la calle. A ello súmenle las mujeres tras el paso de Cristo, las que le visitan cada viernes de marzo, las que no le abandonan en su tarde grande.

La única diferencia con el pasado, la cofradía ya no entra a altas horas de la madrugada como ocurría hace años, algo que siempre agradecerá el cuerpo de nazarenos.

Sones sevillanos tras los dos pasos, espectaculares tras el Señor, con una Agrupación Musical de la Encarnación que dio todo lo que no pudo dar en su propia cofradía en la tarde del Martes Santo.