Fernando Casal da el pregón de los «milagros de la Oliva»

Tan conocido que todos saben de qué pie cojea. La Alcalá cofrade sabe que el pregonero no mintió, que lo anunciado, lo contado y explicado es su Semana Santa, la que vive desde su niñez, la que construye en su día a día, sin más, y sin menos, y con una enorme intensidad en los fragmentos que tocaban a las devociones de su vida.

Comenzaba el texto relatando los sentimientos de una noche de verano en la que las imágenes de la Hermandad de la Borriquita alcanzaron la Parroquia de Santiago tras dejar atrás su templo por aquellas obras urgentes. Daba las gracias en este punto a las hermandades de Jesús y de la Divina Misericordia, para acabar el fragmento dándole las gracias al Señor por sus designios.

«Gracias Señor quiero darte / mi Señor de la Bondad / y si fuera insuficiente / mil veces agradecido / porque Tú escribes derecho / sobre renglones torcidos»

«Contigo a la calle, Caridad»

Dejando atrás las risas y las referencias a la espera de la eterna Resurrección del Betis, lo que provocó la risa del público, y habiendo hecho alusión al «Martes Santo, que no es un martes cualquiera», y una inusual pero llena de detalles, mezcla de las hermandades del Santo Entierro y Rosario, Casal llegaba al Miércoles Santo. Tras hablar del Cautivo y Soberano, y dando una muestra de alcalareñismo con el recurso, siempre del gusto de Enrique Pavón, de «perfumar Alcalá de Esperanza» el pregonero llegaba a la Caridad.

Con un cambio de última hora y apuntando la subida al paso de la dolorosa de Pablo VI el pasado jueves, Fernando arrancaba una poesía de especial sensibilidad para los hermanos de San Mateo y en la que relataba cómo podría ser esa primera salida procesional de la Virgen en la tarde del Miércoles Santo.

«¡A cuánta gente ganastes! / Que lo diga el pregonero / que lo griten tus hermanos / Y con ellos Alcalá / Que ya ha llegado la hora / ¡Contigo a la calle nos vamos! / ¡Contigo a la calle, Caridad!»

Tampoco se olvidó de su Agrupación de la Bondad, momento en el que se le rompió la voz al echar la vista atrás y recordar los inicios de una banda por la que apostó y apostará siempre.

La intensidad del final

Se guardó el pregonero los fragmentos de mayor fuerza para la última parte del texto. Primero para hablar de Jesús, arrancando con una de las coplas dedicadas al Nazareno y desgranando los recuerdos que, vividos el pasado año, le llevaron irremediablemente a su niñez, cuando se vestía de negro a las claritas del día. Ahora, con su hijo en brazos, perpetúa la devoción al de Santiago una generación más.

«Tú me miras, me atraviesas / me desnudas y me dejas / con tu mirada serena / los pulsos descolocados»

Y fue en las palabras dedicadas a la Virgen de la Oliva donde puso el broche de oro a la mañana. Recordó Casal a Alejandro Redondo y a una bella historia que aquel pregonero contara en el mismo atril. Una pequeña niña, con nombre con sabor a Domingo de Ramos, salvaba una grave afección con un pañuelo de la dolorosa de la Hermandad del Domingo de Ramos junto a ella.

No fue un hecho aislado. Desde entonces estos milagros se han ido sucediendo. Muchas son las peticiones que han llegado a la corporación, y otras tantas acciones ha obrado la Virgen, intercediendo, siempre protectora. Pero el último caso, más cercano y con la protagonista presente en el teatro, acontecía hacía pocas semanas en la propia Parroquia de San Agustín. Una de las hermanas de Acción Parroquial que día a día se deja la vida en el templo parroquial, solicitaba uno de estos pañuelos para que le diera fuerza en una intervención de una delicada y grave enfermedad. Faltos la Hermandad de ellos, entregó a la hermana uno de los rosarios de la Santísima Virgen. Al día siguiente, la buena nueva brotaba de los labios de ella y anunciaba su recuperación.

Finalizaba Fernando Casal con una poesía en la que entremezclaba la Salve, la oración, versos de otros pregones y una saeta, todas letras dedicadas a la Virgen de la Oliva.

«¡Qué grande es ser de Ti! / ¡Qué grande es poder cantarte! ¡Qué grande es poder vivir / y estar siempre a tu verita! / ¡Qué grande es poder rezarte! / Oliva, Madre bendita, / Reina de San Agustín.»

Retransmisión de Radio Guadaíra – Descargar