El pregón más íntimo y alcalareño de David Rivera para su Alcalá

El de David Rivera fue el Pregón de todas las Alcalá en una, la de antes, la de ahora y la de siempre. Con versos dedicados a su ciudad, haciendo un repaso a un sinfín de hitos, personajes históricos, y numerosos elementos que han ido dando forma a Alcalá de Guadaíra, el pregonero se metió al público en el bolsillo nada más empezar, con ese repaso tan heterogéneo que provocó la sonrisa, e incluso la risa en algún que otro momento.

Aunque ese público llegaba al teatro ya entregado. Pocas veces antes los cofrades asistentes al acto habían recibido con una sonora ovación, e incluso poniéndose en pie una vez que el pregonero se acercara al atril, tras la excelente y detallada presentación de su amigo desde la infancia, Enrique Ruiz Portillo y tras sonar la marcha ‘Águila’, la elegida para el Pregón. Era momento de templar los nervios y poner fin a dos años de ser eterno pregonero.

Y lejos de ser el pregón de la Covid, como él mismo destacó al principio, David Rivera proyectó un texto íntimo, repleto de mensajes deslizados y que habría que saborear poco a poco. Además, también tuvo su momento de reivindicación y recuerdo, y llegó a dirigirse directamente a los salesianos de la Casa de Alcalá, presentes en el teatro, que hace unos meses tuvieron que dejar la ciudad, con los que el pregonero tiene una estrechísima relación y a los que reconoció que Alcalá nunca podría saldar su deuda con ellos.

(Ver emisión del Pregón de Vivamovil TV aquí)

Los versos que se recordarán

Todo pregón deja siempre un poso de recuerdos en forma de versos dedicados a una u otra hermandad. Probablemente en la Hermandad del Cautivo adopten a partir de ahora el sobrenombre del «Señor de la Esperanza» con el que David bautizara a Nuestro Padre Jesús Cautivo, y mientras hablaba de Él, lanzaba distintas comparaciones con los que también son el Señor de la Esperanza: Aquéllos que perdieron su casa, a los que las manos sangran por haber saltado una valla que dos mundos separa, el anciano que vive solo o el que perdió su confianza.

La verticalidad y la horizontal de la cruz para la Tercera Palabra y el Perdón. Sirviéndose de la geometría y desarrollando la idea de dos caminos largos en forma de diagonal, el pregonero entrelazaba las palabras dedicadas a estas dos hermandades de barrio con un crucificado como titular. Palabras en las que tuvo tiempo para dar ánimo a los hermanos del barrio del Campo de las Beatas, en un camino difícil desde que fuera erigida como Hermandad y que aún no ha podido estrenarse en la Semana Santa.

Orgullo de Oliva para el remate final

Despojándose de complejos, el pregonero abrió su corazón y se mostró más orgulloso que nunca, y que nadie, de ser hermano de la Borriquita y devoto de la Virgen de la Oliva.

Primero bajó la intensidad del texto repasando lo que es para él un Domingo de Ramos. Preparativos de locura desde bien temprano por la mañana, con desayuno, Misa y visitas protocolarias, con almuerzo y puesta de túnicas a la carrera que ponen a su familia en la calle con el sol del mediodía. El único momento de la vida en el que el pregonero se permite la licencia de pensar que porqué no podría ser hermano de una hermandad de media tarde, por ejemplo la Amargura.

Tras las risas, tocaba hablar de su Virgen con mucho orgullo. El pregonero hizo un profuso desarrollo de los distintos oficios relacionados con la aceituna y por los almacenes que salpicaban el mapa de Alcalá, precedido por un repaso a sus momentos junto a la Virgen de la Oliva y que terminaría rematando con un «Siempre diré con orgullo; siempre diré con orgullo; que solo teniendo esa cara; que solo teniendo esa cara; te puedes llamar mi Virgen guapa de la Oliva».